
Fotografías del argentino Mario Muchnik.
Esta exposición contiene 175 imágenes de Argentina en 1971 en las que Mario Muchnik retrató el presente y el porvenir, retrató el instante y la eternidad, supo pulsar el disparador y, además, acertar en la diana.
Entrada libre. Casa América
Hasta el 25 de mayo de 2008.
Volverte a ver: Argentina - 1971. Fotografías Mario Muchnik
Horario: de lunes a sábado de 11:00 a 20:00 h / domingos y festivos de 11:00 a 15:00 h
Dice Mario Muchnik:
“Una de las características más entristecedoras de la Argentina es su sempiterno culto del porvenir. Creo que fue André Maurois quien, habiendo visitado el país antes de la Segunda guerra mundial, sentenció: “La Argentina tiene un radiante porvenir, y lo tendrá siempre.”
En ese país los desiertos son feroces. Y el campo y las ciudades no lo son menos. Ante la erosión del tiempo los argentinos sólo atinan a encogerse de hombros. Tanto tierra adentro como en Buenos Aires, el viento barre el pasado. Por cada raro vestigio histórico señalado por un ruinoso caserón o una fuente cubierta de moho hay mil de los que nada subsiste sino un campo de paja brava que se pierde en la inmensidad. El viento de la llanura o de la sierra, como una venganza fantasmal de tribus desaparecidas, barre sin piedad la obra humana. No parece hacerlo a hurtadillas: es como si al argentino no se le ocurriera, o no quisiera, cortar ese viento con barreras para proteger su historia, absorto, encandilado quizás por un porvenir al alcance de la mano que, como la zanahoria del burro, le lleva siempre unos pasos de ventaja. La historia pasa indocumentada y los hechos del presente parecieran surgir por generación espontánea.
Sin embargo, en las últimas líneas de la novela Sobre héroes y tumbas, de Sábato, el camionero Bucich le dice a Martín, mientras orinan en el campo bajo el cielo estrellado, “Qué grande es nuestro país, pibe…”. Es verdad, y quizás mis fotos den una idea de sus dimensiones. En mi viaje pude fotografiar los paisajes más bellos y, horizontal y verticalmente, más vastos de mi vida. Y en ese gran tablero también pude conversar con algunas de las personas más simpáticas, bienhumoradas, bienhabladas y limpias de mente que jamás conocí, gente abierta, de retruécano fácil muy por encima de su humildad, de trato respetuoso sin sombra de obsecuencia, con la dignidad a flor de piel y la honestidad en la mirada, sin disimulos. La palabra “grande”, que Sábato pone en boca del camionero, se refiere a dimensiones no únicamente físicas, sino también morales.
No intentaré explicar la contradicción entre las virtudes del pueblo y la incuria con que ese pueblo ha tratado su propia historia. No tengo, para ello, la preparación mínima indispensable. Me digo, eso sí, que la ausencia física e intelectual de la propia historia debe de ser nefasta si se quiere no sólo evitar repetirla, sino hacerse cargo del propio destino.
Aquí entrego en cambio mis fotos, que dicen lo que dicen. Al tomarlas, hace treinta y siete años, no me propuse componer una tesis sobre la Argentina. Las imágenes fueron entrando solas por mi objetivo, no hay rastros en ellas del menor afán académico ni periodístico. En su conjunto pintan un cuadro muy incompleto y parcial. Algunas me sobrecogen porque me muestran una belleza que hoy veo más claramente que entonces. Otras me sorprenden porque muestran cosas que entonces no vi, o porque nunca las ví hasta hoy. Y otras me sumen en la dulce nostalgia de un pasado que sólo existe ahora en mi mente.
No hay viento capaz de barrer mi propia historia.
Mi equipo: dos Leicas M3, tres objetivos –de 35, 50 y 90 mm– y abundantes carretes de Kodak Tri-X. Yo mismo revelé los carretes en un baño de mi casa parisina convertido en cámara oscura. Para esta exposición y su catálogo, digitalicé esos viejos negativos. Los positivos expuestos en la Casa de América y recogidos en este catálogo están impresos en mi Epson Photo R2400 en papel fotográfico Premium Semibrillo, de la misma Epson.”
Mario Muchnik
http://mariomuchnik.com/index.html